El verano es sinónimo de vacaciones, playa, piscina y actividades al aire libre. Sin embargo, mientras solemos proteger nuestra piel del sol, muchas veces olvidamos que los ojos también necesitan cuidados especiales durante esta época del año.
La radiación ultravioleta, el agua del mar, el cloro de las piscinas, el aire acondicionado o incluso la arena pueden afectar a la salud ocular y provocar molestias o favorecer la aparición de determinadas patologías.
A continuación, te explicamos cómo proteger tus ojos este verano y disfrutar de las vacaciones sin poner en riesgo tu visión.

El sol también puede dañar tus ojos
La exposición prolongada a la radiación ultravioleta (UV) no solo afecta a la piel. También puede producir daños acumulativos en los ojos.
Con el paso de los años, una exposición excesiva puede aumentar el riesgo de desarrollar enfermedades como:
- Cataratas.
- Degeneración macular asociada a la edad (DMAE).
- Lesiones en la superficie ocular.
- Pterigión (el conocido «crecimiento» de tejido sobre la córnea).
Aunque muchas personas solo utilizan gafas de sol cuando hace mucho calor, la radiación UV está presente incluso en días nublados.
¿Cómo elegir unas buenas gafas de sol?
No todas las gafas de sol ofrecen la misma protección.
Lo más importante no es que los cristales sean muy oscuros, sino que incorporen un filtro 100 % frente a los rayos UVA y UVB.
Antes de comprarlas, asegúrate de que:
- Están homologadas con marcado CE.
- Indican protección UV400 o equivalente.
- Cubren bien el ojo para evitar la entrada de luz por los laterales.
- Se adaptan correctamente al rostro.
Unas gafas oscuras sin filtro UV pueden resultar incluso más perjudiciales que no llevar gafas, ya que la pupila se dilata y permite la entrada de una mayor cantidad de radiación.
Cuidado con la piscina y el cloro
El cloro ayuda a mantener el agua limpia, pero también puede alterar la película lagrimal que protege la superficie del ojo.
Después de pasar varias horas en la piscina es frecuente notar:
- Ojos rojos.
- Escozor.
- Sensación de arenilla.
- Lagrimeo.
Para minimizar estas molestias:
- Utiliza gafas de natación si vas a nadar.
- Evita abrir los ojos debajo del agua.
- Lava los ojos con agua limpia al salir de la piscina si notas irritación.
¿Y el agua del mar?
Aunque muchas personas piensan que el agua del mar es beneficiosa para los ojos, la realidad es que la sal, la arena y otros microorganismos pueden producir irritación, especialmente si permanecen mucho tiempo sobre la superficie ocular.
Si después de un baño notas molestias:
- Enjuaga los ojos con suero fisiológico o lágrimas artificiales.
- Evita frotarte los ojos, ya que la arena puede producir pequeñas lesiones en la córnea.
¿Se puede entrar en la piscina o en el mar con lentillas?
La recomendación es evitarlo siempre que sea posible.
Las lentillas pueden retener microorganismos presentes en el agua, aumentando el riesgo de infecciones oculares que, en algunos casos, pueden llegar a ser graves.
Si necesitas utilizarlas durante el baño:
- Es preferible usar lentillas desechables diarias.
- Utiliza gafas de natación bien ajustadas.
- Desecha las lentillas después del baño.
- Nunca limpies las lentillas con agua del grifo ni con agua de la piscina.
El aire acondicionado también influye
En verano pasamos continuamente del calor del exterior al aire acondicionado de oficinas, coches, centros comerciales o aviones.
Estos cambios favorecen la evaporación de la lágrima y pueden empeorar el síndrome de ojo seco.
Si notas molestias:
- Parpadea con frecuencia cuando utilices pantallas.
- Mantente bien hidratado.
- Utiliza lágrimas artificiales si tu oftalmólogo las ha recomendado.
- Evita que el chorro del aire acondicionado apunte directamente a la cara.
Protege también los ojos de los más pequeños
Los niños pasan muchas horas al aire libre durante el verano y sus ojos son más sensibles a la radiación ultravioleta.
Por eso es importante que:
- Utilicen gafas de sol homologadas adaptadas a su edad.
- Lleven gorra cuando estén expuestos al sol.
- Eviten mirar directamente al sol, incluso durante unos segundos.
Crear estos hábitos desde pequeños ayuda a proteger su salud visual en el futuro.
¿Cuándo conviene acudir al oftalmólogo?
Después de una jornada de playa o piscina es normal notar alguna molestia pasajera.
Sin embargo, si aparecen síntomas como:
- Dolor intenso.
- Pérdida de visión.
- Sensibilidad importante a la luz.
- Ojo muy rojo que no mejora.
- Secreción abundante.
Es recomendable acudir cuanto antes a un oftalmólogo para valorar el origen del problema y evitar posibles complicaciones.
Disfruta del verano cuidando también tu visión
La mayoría de los problemas oculares propios del verano pueden prevenirse con medidas muy sencillas: utilizar unas buenas gafas de sol, proteger los ojos durante el baño, mantener una correcta hidratación y evitar la exposición innecesaria a factores irritantes.
En Clínica Oftalmológica Martínez de Carneros recomendamos realizar revisiones periódicas de la vista y consultar con un especialista ante cualquier molestia que no desaparezca en pocas horas.
Porque cuidar de tus ojos en verano también es cuidar de tu visión para el futuro.